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martes, 10 de diciembre de 2013

17 & Gone - Nova Ren Suma


A sus diecisiete años, Lauren está teniendo visiones de niñas que han desaparecido. Y todas estas chicas tienen una cosa en común: tienen 17 y se han ido sin dejar rastro.  Mientras Lauren lucha por deshacerse de esas pesadillas, preguntas imposibles demandan respuestas urgentes: ¿Por qué las chicas hablan con Lauren? ¿Cómo puede ayudar? Y... ¿es ella la siguiente? Mientras Lauren busca pistas, todo empieza a desmoronarse, y cuando se encuentra con  tierras de muerte en el hospital, una terrible verdad emerge, cambiándolo todo.
Con la complejidad y la riqueza, Nova Ren Suma proporciona una interpretación hermosa visual y dulce de lo que significa estar perdida.

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World After - Susan Ee

Cuando un grupo de personas capturan a la hermana de Penryn, Paige, pensando que es un monstruo, la situación termina en una masacre. Paige desaparece. Los seres humanos están aterrados. Mamá está destrozada.
Penryn conduce por las calles de San Francisco buscando a Paige. ¿Por qué están tan vacías las calles? ¿Dónde están todos? Su búsqueda la lleva al corazón de los planes secretos de los Ángeles donde obtiene un vistazo a sus motivaciones y aprende las horribles medidas que los ángeles están dispuestos tomar.
Mientras tanto, Raffe está a la caza de sus alas. Sin ellas, no puede reunirse con los Ángeles, no puede tomar su legítimo lugar como uno de sus líderes. ¿Cuando se enfrente a recuperar sus alas o ayudar a Penryn sobrevivir, que elegirá?

Penryn & the End of Days, #2
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Archangel's Legion - Nalini Singh

Ángeles están cayendo del cielo en Nueva York, abatidos por una viciosa y desconocida fuerza.
Imposiblemente, vampiros están muriendo de enfermedades.
La cazadora del gremio, Elena Deveraux, y el arcángel Rafael deben descubrir el origen de la ola de muerte antes de que envuelva su ciudad y a su gente, dejando a Nueva York en ruinas, y a la torre de Rafael asediada por arcángeles enemigos.
Sin embargo, incluso mientras luchan desesperadamente por salvar la ciudad, una fuerza incluso más oscura se mueve agitadamente, sus gélidos ojos fijos en Nueva York… y en Rafael. Con ríos de color carmesí y pesadillas de carne fresca, el mundo nunca volverá a ser lo mismo...

Gremio de Cazadores, #6
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sábado, 2 de noviembre de 2013

Faster We Burn - Chelsea M. Cameron

A veces,  el amor de nuestro corazón necesita ser sanado para poder encontrarse con los familiares ojos de un amigo de la infancia..
Julie Porter aprendió por el camino difícil que la confianza es algo que debe ganarse, y no algo que deba tomarse a la ligera. Esos quienes dicen que te aman son los que tienen el poder de hacerte más daño, y los mejores amigos pueden ayudarte a sobrevivir a cualquier cosa… hasta que se marchan. 
Nick Owen sabe una cosa o dos sobre una vida dura. A una temprana edad, Nick aprendió a hacer limonada con los limones que la vida arrojó a su camino. Al regresar a casa después de casi dos años de estar lejos, lo único que a Nick le preocupa es proteger a su madre de las manos abusivas de su padre y ponerse al día con su mejor amiga —La chica que vive al otro lado de la calle, la chica en la que no puede dejar de pensar.
Finalmente, se encuentran después de dos años separados, Nick y Julie están a punto de aprender que esos dos años no hicieron nada para protegerlos de las pruebas de la vida y sus aflicciones, angustia y perdida, pero quizás juntos puedan encontrar una manera de sobrevivir.
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Faster We Burn - Chelsea M. Cameron

Katie Hallman esta cansada de los imbéciles. Cansada de los hombres que la tratan como una mierda y la dejan rota. Pero luego Stryker Grant aparece. Con sus muchos piercings y su cabello blanqueado, él es el polo opuesto de todas sus relaciones pasadas, lo cual lo hace el candidato perfecto.
En un primer momento, Katie sólo lo ve como una salida física de su difícil relación anterior, y a Stryker no parece importarle sólo ser una distracción de los problemas de Katie. Pero pronto él empieza a meterse bajo su piel, quitando capas que ella prefiere mantener cubiertas. Ella trata de dejar claro que no quiere una relación, pero continúa rompiendo sus propias reglas.
Luego, una tragedia envía a Katie hacia los únicos brazos que están ahí para atraparla, y se dará cuenta de que lo necesita más de lo que nunca creyó posible. ¿Pero está lista para confiarle a otro chico su ya maltratado corazón? ¿O lo alejará para protegerse a sí misma de volver a salir herida?
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Natural Born Angel - Scott Speer


La vida se pone al revés para Maddy Montgomery cuando se entera que ella es medio Ángel y fue catapultada a la escena de los flashes, los paparazzi, y la ferviente adulación que viene con estar en el mundo de celebridades Ángel. Está tratando de hacer malabares con su vida—escuela, familia, amigos—con las intensas demandas de estar en el ojo público como la novia del ídolo Ángel, Jackson Godspeed.
Y ahora, Maddy debe enfrentarse a la elección más difícil de su vida. Se le ha ofrecido la oportunidad de convertirse en Guardián. Esto significa entrar en el entrenamiento peligroso y de alta formación, con ninguna garantía de que pueda tener éxito. Pero más que eso, significaría dejar su vida mortal atrás para siempre, y aliarse con los Ángeles en un momento en que su relación con los humanos se dirige a la guerra...

Immortal City #2
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viernes, 25 de octubre de 2013

Ambrosia - Erin Noelle

Después de llegar a aceptar la tragedia que sacudió su mundo, Scarlett MacGregor intenta recoger las piezas de las relaciones rotas que dejó atrás.
Ash y Mason quedaron devastados y con el corazón roto tras la marcha repentina y sin aviso de Scarlett. Ambos están listos y dispuestos a perdonarla y darle la bienvenida a su vida con los brazos abiertos. Sin embargo, muchas cosas pueden suceder en ocho meses ..
Scarlett tiene que aprender a superar los obstáculos lanzados en su camino para evitar que el pasado se repita. ¿Puede aprender a volar con sus propias alas y descubrir el secreto del amor eterno?
Book Boyfriend #2

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Undone - Cat Clarke

Jem Halliday está enamorada de su mejor amigo gay. No es exactamente lo ideal, pero está aprendiendo a lidiar con eso.
Entonces sucede lo indecible. Kai sale del closet en línea... y muere.
Jem sabe que nada de lo que pueda decir o hacer lo traerá de vuelta. Pero  quiere saber quién fue el responsable. Y quiere acabar con él.
Una historia ardiente de amor,  venganza y traición de un autor de éxito.



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Dangerous to know & love - Jane Harvey-Berrick

El silencio es solo profundo.
Daniel Colton es el chico con el cual todas las chicas quieren salir y el hombre que todos los chicos quieren ser. Malhumorado, con un temperamento explosivo, cerrado y sombrío, Es inclusive hermoso, tatuado en lugares deliciosos, con un piercing en la ceja y pelo negro puntiagudo. Hay rumores que tiene piercings en otros lugares, también. 
¿Es realmente loco, malo y peligroso para relacionarse? 
Daniel vive con su hermano mayor, Zef, y su casa es el centro de las fiestas. ¿Quieres drogas, un buen momento, licor, sin preguntas? Colton es el lugar para ir.
Cuando Daniel y la chica buena Lisanne Maclaine tienen que trabajar juntos en una asignación, Lisanne encuentra mucho más en el chico malo de la universidad que su reputación. Es inteligente, divertido y una buena compañía. 
Luego descubre su secreto, ¿Por qué está cerrado a todos, y determinado a mantener a la gente a un brazo de distancia? Pero ser la que guarda el secreto es más difícil de lo que alguna vez soñó.
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Fading - E. K. Blair

¿Puede una conciencia sucia evitar que se curen las heridas?
La estudiante de bellas artes, Candance Parker, creció con una madre que piensa que la imagen lo es todo, y la perfección de su hija nunca sería suficiente. A punto de graduarse en la universidad y perseguir sus sueños de convertirse en bailarina profesional, Candance decide que es tiempo de soltarse y divertirse un poco. Pero la diversión dura poco cuando un brutal ataque la deja completamente hecha pedazos.
Los recuerdos que consumen y atormentan a Candance están empezando a destruirla cuando conoce a Ryan Campbell, el exitoso dueño de un bar. Él se siente conectado al instante e intenta demostrarle que vale la pena luchar por un poco de esperanza. Pero, ¿acaso Ryan alberga sus propios demonios? Cuando las paredes comienzan a desmoronarse lentamente, los secretos que allí se ocultan comienzan a convertirse en dolorosas cargas.
¿A qué punto los secretos se convierten en mentiras?
Fading, #1
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A Little Too Far - Lisa Desrochers

¿Alguna vez has ido demasiado lejos?
Lexie Banks lo ha hecho.
Sip. Acaba de tener sexo alucinante con su hermanastro. En su defensa, está en la edad de las hormonas alborotadas, y no ayudó que su padre se casara con una mujer que tiene un hijo super sexy. Pero aun así, él ha sido su mejor amigo y confidente estos últimos años…y está fuera de sus límites. Es bueno que se marche en dos días a pasar un año en el extranjero, en Roma. Pero incluso a miles de kilómetros de distancia, Lexie no puede escapar de los problemas. Criada como católica, va a confesarse con la esperanza de aliviar parte de su culpa… y tal vez no se queme en el infierno.
En cambio, tropieza fuera del confesionario con Alessandro Moretti, un diácono joven y muy agradable a la vista… y a sólo ocho meses de convertirse en sacerdote. Mientras Lexie y Alessandro se acercan más, las señales de Alessandro comienzan a cambiar a pesar de su voto de celibato, y ella no sabe qué pensar. Está dividida entre enamorarse del hombre que no debería querer y el hombre que no puede tener. Y no está segura de cómo puede vivir consigo misma de cualquier manera.
A Little Too Far, #1
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The Beginning of Everything - Robyn Schneider

El chico dorado, Ezra Faulkner, cree que todos tienen una tragedia esperándolos  —Un simple encuentro que lo cambiara todo. Su tragedia particular esperó hasta que él estuvo preparado para perderlo todo: en una noche espectacular, un conductor imprudente destruyó la rodilla de Ezra, su carrera deportiva y su vida social.
Dejando de ser el favorito para Rey del baile de bienvenida, Ezra se encuentra en la mesa de inadaptados, al lado de la chica nueva Cassidy Thorpe. Cassidy es diferente a cualquiera que Ezra haya conocido, dolorosamente natural, ferozmente inteligente y decidida a llevar a Ezra en sus interminables aventuras.
Pero a medida que Ezra se sumerge en sus nuevos estudios, nuevas amistades y un nuevo amor, aprende que algunas personas, al igual que los libros, son fáciles de malinterpretar. Y ahora debe tomar en cuenta: si la tragedia particular de alguien ya ha aparecido y todo lo que importa después de ella ha sucedido, ¿qué pasa cuando más desgracias aparecen?
The Beginning of Everything de Robyn Schneider es una novela lírica, ingeniosa y conmovedora acerca de lo difícil que es actuar el papel que la gente espera, y cómo los nuevos comienzos pueden ser el resultado de finales abruptos y trágicos.
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Fangirl - Rainbow Rowell

Cath es fan de Simon Snow.
Bueno, todo el mundo es fan de Simon Snow...
Pero para Cath, ser fan es toda su vida, y ella es realmente buena en ello. Ella y su hermana gemela, Wren, se escondieron en la serie Simon Snow cuando eran unas niñas, y eso fue lo que las ayudó a superar el abandono de su madre.
Leer. Releer. Pasar el rato en los foros de Simon Snow, escribir fanfictions sobre Simon Snow, vestirse como los personajes para cada estreno de una película.
La hermana de Cath se ha alejado del fandom, pero Cath no puede dejarlo ir. No quiere hacerlo.
Ahora que van a la universidad, Wren le ha dicho a Cath que no quiere ser su compañera de habitación. Cath está sola, y completamente fuera de su zona de confort. Ella tiene una compañera de cuarto hosca con un novio encantador y que siempre está alrededor, un profesor escritor de ficción que piensa que fanfiction es el fin del mundo civilizado, un compañero guapo que sólo quiere hablar de palabras... Y no puede dejar de preocuparse por su padre, quien es amoroso y frágil, y nunca ha estado solo.
Para Cath, la pregunta es: ¿Puede hacer esto?
¿Puede hacerlo sin Wren sosteniendo su mano? ¿Está lista para empezar a vivir su propia vida? ¿Escribir sus propias historias?
¿Y querrá ella seguir adelante si eso significa dejar a Simon Snow atrás?

Primer Capítulo

1

Traducido por Mel Cipriano.


Había un chico en su habitación.
Cath miró el número pintado en la puerta, y luego hacia abajo, a la asignación de espacio en su mano.
Pound Hall, 913.
Esa era sin duda la habitación 913, pero tal vez no era Pound Hall, todas esas residencias se parecían, como torres de viviendas públicas para ancianos. Tal vez Cath debía tratar de atrapar a su padre antes de que él llevara el resto de sus cajas.
—Tú debes ser Cather —dijo el muchacho, sonriendo y tendiéndole la mano.
—Cath —dijo ella, sintiendo un salto de pánico en el estómago. Hizo caso omiso de su mano. (Ella estaba sosteniendo una caja de todos modos, ¿qué esperaba?)
Aquello era un error, tenía que ser un error. Sabía que Pound era un edificio de dormitorios mix… ¿Existía tal cosa como los dormitorios mixtos?
El chico tomó la caja de sus manos y la puso en una cama vacía. La cama en el otro lado de la habitación ya estaba cubierta con ropa y cajas.
—¿Tienes más cosas abajo? —preguntó—. Acabamos de terminar. Creo que vamos a ir a conseguir una hamburguesa ahora, ¿quieres una? ¿Ya has estado en Pear’s? Hamburguesas del tamaño de tu puño. —Él tomó su brazo. Ella tragó saliva—. Has un puño —dijo.
Cath lo hizo.
—Más grande que tu puño —dijo, dejando caer la mano y tomando la mochila que ella había dejado en la puerta—. ¿Tienes más cajas? Debes tenerlas. ¿Tienes hambre? 
Era alto, delgado y bronceado, y parecía como si acabara de quitarse un gorro de lana, tirando del cabello rubio oscuro en todas direcciones. Cath miró la asignación de la habitación. ¿Él era Reagan? 
—Reagan —dijo el chico, felizmente—. Mira, tu compañera de cuarto está aquí.
Una chica rodeó a Cath en la puerta y la miró con frialdad. Tenía cabello liso, castaño, y un cigarrillo sin encender en la boca. El chico lo tomó y lo puso en su boca. —Reagan, Cather. Cather, Reagan —dijo.
—Cath —corrigió ella.
Reagan asintió y buscó en su bolso por otro cigarrillo. —Tomé este lado —dijo, señalando a la pila de cajas en el lado derecho de la habitación—. Pero eso no importa. Si tienes problemas de feng shui, no dudes en mover mi mierda. —Se volvió hacia el muchacho—. ¿Listo?
Él se giró hacia Cath. —¿Vienes?
Cath negó con la cabeza.
Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, se sentó en el colchón desnudo que aparentemente era suyo —el feng shui era el menor de sus problemas—, y apoyó la cabeza contra la pared de bloques de hormigón.
Ella sólo tenía que conformarse con sus nervios.
Tomar la ansiedad que sentía como una estática negra detrás de los ojos, y un corazón extra en su garganta, y empujar todo hacia su estómago donde pertenecía, donde pudiera, al menos, empatar en un buen nudo y trabajar en torno a ella.
Su padre y Wren estarían allí de un momento a otro, y Cath no quería que supieran que estaba a punto de derretirse. Si Cath se derretía, su padre se derretiría. Y si ambos lo hacían, Wren actuaría como si lo estuvieran haciendo a propósito, sólo para arruinar su perfecto primer día en el campus. Su nueva y hermosa aventura.
Vas a darme las gracias por esto, seguía diciendo Wren.
La primera vez que lo había dicho fue en junio.
Cath ya había enviado sus solicitudes de vivienda a la universidad, y por supuesto que había puesto a Wren como su compañera de cuarto, no lo había pensado dos veces. Las dos habían compartido una habitación durante dieciocho años, ¿por qué detenerse ahora?
—Hemos compartido una habitación durante dieciocho años —sostuvo Wren. Estaba sentada a la cabecera de la cama de Cath, vestida con su exasperante rostro de “Soy la Madura Aquí”. 
—Y ha funcionado muy bien —dijo Cath, agitando su brazo alrededor del dormitorio hacia las pilas de libros y posters de Simon en el armario, donde metían toda su ropa, sin preocuparse, la mayoría de las veces, de qué le pertenecía a cada una.
Cath estaba sentada a los pies de la cama, tratando de no parecer la “Patética que Siempre Lloriqueaba”.
—Esto es la universidad —insistió Wren—. El punto de la universidad es conocer gente nueva.
—El punto de tener una hermana gemela —dijo Cath—, es no tener que preocuparse por este tipo de cosas. Raros extraños que roban tus tampones, huelen como a aderezo para ensaladas y te toman fotos mientras duermes con sus teléfonos celulares…
Wren suspiró. —¿De que estás hablando? ¿Por qué alguien va a oler como aderezo para ensalada? 
—Como a vinagre —dijo Cath—. ¿Recuerdas cuando nos fuimos de viaje en primer año, y que la habitación de una niña olía a aderezo italiano?
—No.
—Bueno, era horrible.
—Es la universidad —repitió Wren, exasperada, cubriéndose la cara con las manos—. Se supone que debe ser una aventura.
—Ya es toda una aventura. —Cath se arrastró junto a su hermana y le sacó las manos de la cara—. Toda la perspectiva ya es aterradora.
—Se supone que debemos conocer gente nueva —insistió Wren.
—Yo no necesito gente nueva.
—Eso demuestra lo mucho que necesitas gente nueva.... —Wren le apretó las manos—. Cath, piensa en ello. Si lo hacemos juntas, la gente nos tratará como si fuéramos la misma persona. Van a ser cuatro años antes de que alguien incluso nos pueda diferenciar.
—Todo lo que tienen que hacer es prestar atención. —Cath tocó la cicatriz en la barbilla de Wren, justo debajo de su labio. (Accidente de trineo. Tenían nueve, y Wren estaba en la parte delantera del trineo cuando golpeó el árbol. Cath habían caído de la parte posterior, en la nieve.)
—Sabes que tengo razón —dijo Wren.
Cath negó con la cabeza. —No lo creo.
—Cath...
—Por favor no me hagas hacer esto sola.
—Nunca estás sola —dijo Wren, suspirando de nuevo—. Ese es el maldito punto de tener una hermana gemela.
***

—Esto es muy bonito —dijo su padre, echando un vistazo alrededor de Pound 913, y poniendo un cesto de la ropa llena de zapatos y libros sobre el colchón de Cath.
—No es lindo, papá —dijo Cath, de pie con rigidez en la puerta—. Es como una habitación de hospital, pero más pequeña. Y sin televisión.
—Tienes una gran vista del campus —dijo.
Wren se acercó a la ventana. —Mi habitación da a una playa de estacionamiento.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Cath.
—Google Earth.
Wren no podía esperar a que toda esa cosa de la universidad comenzara. Ella y su compañera de cuarto, Courtney, habían estado hablando durante semanas. Courtney era de Omaha, también. Las dos se habían reunido y fueron juntas a comprar cosas para el dormitorio. Cath se les unió de mala gana y trató de no hacer puchero mientras ellas escogían posters y lámparas de escritorio a juego.
El padre de Cath volvió de la ventana y le pasó un brazo alrededor de sus hombros. —Todo va a estar bien —dijo.
Ella asintió. —Lo sé.
—Está bien —dijo, aplaudiendo—. Próxima parada, Schramm Hall. Segunda parada, pizza buffet. Tercera parada, mi triste y vacío nido.
—No pizza —dijo Wren—. Lo siento, papá. Courtney y yo vamos a la barbacoa de primer año, esta noche. —Dirigió su mirada hacia Cath—. Cath debe ir, también.
—Sí pizza —dijo Cath desafiante.
Su padre sonrió. —Tu hermana tiene razón, Cath. Tienes que ir. Conocer a gente nueva.
—Todo lo que voy a hacer durante los próximos nueve meses es conocer a gente nueva. Hoy elijo pizza buffet.
Wren puso los ojos en blanco.
—Está bien —dijo su padre, dándole a Cath palmaditas en el hombro—. Próxima parada, Schramm Hall. ¿Señoras? —Abrió la puerta.
Cath no se movió. —Puedes venir a buscarme después de dejarla —sugirió, mirando a su hermana—. Quiero empezar a desempacar.
Wren no discutió, sólo salió al pasillo. —Voy a hablar contigo mañana —dijo, sin voltearse a mirar a Cath.
—Seguro.
***

Se sentía bien, desempacar. Poner las sábanas en la cama y ordenar sus nuevos libros de texto, ridículamente caros, en las estanterías de su nuevo escritorio.
Cuando su padre regresó, caminaron juntos hasta Valentino’s. Todas las personas que vieron en el camino eran de la edad de Cath. Fue espeluznante.
—¿Por qué todo el mundo es rubio? —preguntó Cath—.¿Y por qué son todos blancos?
Su padre se echó a reír. —No estás más que acostumbrada a vivir en el barrio menos blanco de Nebraska. 
Su casa, en el sur de Omaha, era en un barrio mexicano. La familia de Cath era la única blanca de la manzana.
—Oh, Dios —dijo— ¿Crees que en esta ciudad tengan un camión de tacos?
—Creo que he visto un Chipotle…
Ella gimió.
—¡Vamos! Te gusta Chipotle.
—No es el punto.
Cuando llegaron a Valentino’s, estaba lleno de estudiantes. Unos pocos, como Cath, habían venido con sus padres, pero no muchos. —Es como una historia de ciencia ficción —dijo ella—. No hay niños pequeños... Nadie mayor de treinta... ¿Dónde están todas las personas mayores?
Su padre levantó una rebanada de pizza. —Soylent Green.(1) 
Cath se echó a reír.
—Yo no soy viejo, ya sabes. —Estaba golpeando la mesa con los dos dedos del medio de la mano izquierda—. Cuarenta y uno. Los otros tipos de mi edad en el trabajo están empezando a tener hijos.
—Esa fue una buena idea —dijo Cath—, sacarnos del camino antes de tiempo. Podrías comenzar a traer chicas a casa ahora… No hay moros en la costa.
—Todas mis chicas… —dijo, mirando a su plato—. Ustedes son las únicas chicas por las que me preocupo.
—Ugh. Papá. Raro.
—Sabes lo que quiero decir. ¿Qué pasa contigo y tu hermana? Ustedes nunca han peleado así antes....
—No estamos peleando —dijo Cath, tomando un bocado de tocino de la pizza—. Oh, cielos. —Lo escupió.
—¿Qué pasa, has encontrado una pestaña?
—No. Un pickle. Está bien. Es que no me lo esperaba.
—Parece como si estuvieran peleando —insistió.
Cath se encogió de hombros. Ella y Wren ni siquiera hablaban mucho, por no decir pelear. —Wren sólo quiere más... independencia.
—Suena razonable.
Por supuesto que sí, pensó Cath, es la especialidad de Wren. Pero ella la dejó caer. No quería que su padre se preocupara de eso ahora. Podía decir por la forma en que se mantuvo golpeando la mesa, que ya se estaba agotando. Demasiadas horas de normalidad seguidas.
—¿Cansado? —preguntó.
Él le sonrió, disculpándose, y puso su mano en su regazo. —Ha sido un gran día. Un gran y duro día… es decir, sabía que iba a serlo. —Levantó una ceja—. Ambas, el mismo día. Guau. Todavía no puedo creer que no van a venir conmigo a casa....
—No te pongas demasiado cómodo. No estoy segura de que pueda seguir con esto todo un semestre. —Era sólo una broma, y él lo sabía.
—Vas a estar bien, Cath. —Puso su mano, menos nerviosa, sobre la de ella y se la apretó—. Y yo también. ¿Sabes?
Cath dejó de mirarlo a los ojos por un momento. Parecía cansado… y, sí, nervioso, pero él estaba intentándolo.
—Todavía me gustaría que consigas un perro —dijo.
—Nunca recordaría alimentarlo.
—Tal vez podríamos entrenarlo para que te alimente a ti.
***

Cuando Cath regresó a su habitación, su compañera de cuarto, Reagan, seguía desaparecida. O tal vez se había ido otra vez, sus cajas parecían intactas. Cath terminó quitarse su ropa, y luego abrió la caja de los objetos personales que había llevado desde su casa.
Sacó una foto de ella y Wren, y la pinchó en el tablero de corcho detrás de su escritorio. Era de su graduación. Ambas vestían túnicas rojas y estaban sonrientes. Fue antes de Wren se cortara el pelo....
Ella ni siquiera le había dicho a Cath que iba a hacer eso. Sólo llegó a casa del trabajo, al final del verano, con el cabello corto. Se veía increíble, lo que probablemente significaba que también se vería increíble en Cath. Pero Cath jamás podría conseguir ese corte de pelo ahora, incluso si pudiera reunir el valor para cortarse quince centímetros. No podía copiar a su propia hermana gemela.
Luego, Cath sacó la foto enmarcada de su padre, que siempre había estado en su cómoda. Se veía especialmente guapo en esa foto, tomada el día de su boda. Era joven y sonriente, y tenía un girasol en la solapa. Cath lo puso en la plataforma por encima de su escritorio.
También puso una foto de Abel y ella en el baile. Cath llevaba un vestido verde brillante, y Abel tenía una faja coincidente. Era una buena imagen de Cath, a pesar de que su rostro se veía desnudo y plano sin las gafas. Y era una buena imagen de Abel, a pesar de que parecía aburrido.
Él siempre parecía un poco aburrido.
Cath probablemente debería haberle enviado un mensaje de texto a Abel, sólo para decirle que había llegado bien, pero quería esperar hasta que se sintiera más relajada y despreocupada. No podía responder sus mensajes. Si contestaba toda de mal humor y melancólica, el mensaje sólo se quedaría allí en su teléfono, recordándole lo arrastrada que era.
En la parte inferior de la caja estaban los posters de Simon y Baz de Cath. Los puso en su cama con cuidado, algunos eran originales, dibujados o pintados por ella. Tendría que elegir sus favoritos, no había espacio para todos en el tablero de corcho y Cath ya había decidido no usar ninguna de las paredes, donde Dios y todo el mundo se dieran cuenta de ellos.
Eligió tres…
Simon levantando la espada de los Magos. Baz descansando en un trono negro con colmillos. Los dos caminando juntos a través de giros de hojas color oro azotando en el viento.
Había unas cuantas cosas más que quedaban en la caja: un ramillete seco, una cinta que Wren le había dado y que decía: CLUB DEL PLATO LIMPIO, bustos conmemorativos de Simon y Baz que había ordenado en Noble Collection…
Cath encontró un lugar para cada cosa, y luego se sentó en la silla del escritorio de madera destartalada. Si ella se sentaba allí, de espaldas a las paredes y cuadros desnudos de Reagan, se sentía casi como en casa.

Había un chico en el cuarto de Simon.
Un muchacho de pulcro cabello negro, y ojos fríos y grises. Él daba vueltas alrededor, sosteniendo un gato en el aire, mientras que una chica saltaba e intentaba agarrarlo. —Devuélvemelo —dijo la niña—. Vas a hacerle daño.
El muchacho se echó a reír y mantuvo al gato más alto, luego notó a Simon de pie en la puerta y se detuvo, su rostro afilado.
—Hola —dijo el chico de cabello oscuro, dejando caer el gato al suelo. Aterrizó sobre sus cuatro patas y salió corriendo de la habitación. La niña corrió tras él.
El muchacho no les hizo caso, tirando su chaqueta escolar perfectamente en su lugar, y sonriendo con el lado izquierdo de su boca. —Yo te conozco. Eres Simón Snow... Heredero del Mago. —Le tendió la mano con aire de suficiencia—. Soy Tyrannus Basilton Pitch. Pero puedes llamarme Baz. Vamos a ser compañeros de cuarto.
Simon frunció el ceño e hizo caso omiso a la pálida mano del muchacho. —¿Qué pensabas que estabas haciendo con su gato?
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Shooting Scars - Karina Halle [The Artists Trilogy, #2]

Sinopsis:
A veces, hacer lo correcto puede ser mortal.
Cuando Ellie Watt hizo el último sacrificio por Camden McQueen, nunca pensó que sería fácil. Pero se marcha con su ex amante, Javier Bernal, para garantizar la seguridad de Camden. Con los planes de Javier para Ellie creciendo más a cada momento, Ellie debe encontrar una manera de ir a la delantera antes que su pasado la consuma por completo.

Mientras tanto, la nueva vida de Camden dura poco. Alimentado por la venganza y perseguido por las autoridades, se alía con un socio poco confiable con el fin de salvar a Ellie. Pero mientras Camden cruza la línea entre el amor y la venganza, comprende que en su intento por conseguir a la mujer que ama puede perderse a sí mismo. Podría convertirse en el hombre que está cazando.





Primer Capítulo:

ELLIE

Traducido por Juli

—Querías que te atrape, ¿verdad? —La voz de Javier cortó mis pensamientos como un taladro. Parpadeé ante el desierto seco y áspero de Arizona mientras pasaba por delante de mi ventana, tratando de recordar lo que sucedía. Esto no era un sueño, no era una situación hipotética, esto era real. Me encontraba en la parte trasera de un todoterreno conducido por un hombre matón y el ex-novio de mis pesadillas estaba justo a mi lado. Yo le había dado a Camden una segunda oportunidad en la vida, en el amor, en todo dando un paso al costado. Ahora era prisionera de Javier, sus seis años de perseguirme finalmente habían llegado a su fin.
Estaba atrapada con un hombre que me amaría o me mataría. No había término medio con Javier Bernal.
—¿Verdad? —repitió. Por el rabillo de mi ojo, lo vi levantar la mano con desdén, para tapar el sol que entraba por las ventanas tintadas—. Oh, no es importante. Lo sé.
No quería morder el anzuelo. Quería seguir mirando por la ventana, fingiendo que esto no era cierto. Quería ignorar la ira que comenzó a picar en los dedos de mis pies, subiendo hasta mis miembros, y el asco y la derrota que estaba a punto de hundirse en mi pecho.
Él me había encontrado.
—Rastreaste mi celular —le dije, mi lengua pegándose al paladar seco.
Se rió entre dientes. El vello de mis brazos se erizó.
—¿En serio? Tu celular. Ángel, no eres Jason Bourne.
Quise reír burlonamente por la forma en que pronunció Jason y a la vez mirar con desagrado ante el uso de mi antiguo sobrenombre, Ángel. Era Ángel hace seis años. Ese ángel había muerto sobre las alas rotas y con el corazón roto.
Continuó—: No puedo rastrear tu teléfono a menos que tenga acceso físico a él.
—Entonces estabas rastreando el coche —dije, todavía mirando la ventana.
Otra risa escalofriante. —¿Siguiendo el coche todo este tiempo? Tenía gente vigilándolo, tú tomaste un gran riesgo conduciendo con un brillante signo “encuéntrame”. Pero no, no había ningún dispositivo de rastreo en el coche. ¿Por qué pondría uno en mi coche?
—Alguien podría robarlo.
—Sólo tú, querida.
Su voz bajó durante la última frase, convirtiéndose en algo extrañamente compasivo. Forcé a mis ojos a mirarlo e inmediatamente me arrepentí. Me di cuenta de que, hasta ese momento, había estado tratando de ver a través de él como si fuera un holograma.
El cabello de Javier ahora era largo, pero grueso y oscuro. Su rostro había adelgazado un poco en los últimos años y su construcción era de alguna manera más amplia, más fuerte. Tenía el aspecto de un león de ojos amarillentos en un traje de lino blanco, una criatura que parecía más grande que la suma de sus partes. Cuanto más lo miraba, el espacio a mí alrededor se hacía más pequeño.
Me sonrió, con los ojos brillando. No era una sonrisa amable y rápidamente bajé la mirada, sintiendo que cuanto menos contacto visual hiciéramos, sería mejor para mí. Alcancé a entrever su tatuaje “Deseo” en su muñeca, parcialmente cubierto por el reloj.
—Ellie Watt —dijo suavemente—. No me tomó mucho tiempo averiguar tu nombre real. De hecho, fue casi como si tu nombre hubiera llegado flotando a mi ventana un día. Por lo tanto, debes darte cuenta de que cuando estás prófuga y usas tu nombre real, bueno, cualquier maldito idiota puede localizarte.
Parpadeé con fuerza y moví la cabeza hacia la ventana de nuevo. Había sido tan cuidadosa con el nombre de Camden, atravesando todos los pasos para asegurarme de que nunca podría ser encontrado como Connor Malloy. Apenas hice lo mismo para mí. En el momento en que supe que Javier y sus hombres estaban detrás de mí en Palm Valley, en el momento en que nos dirigimos hacia Nevada, debería haber sido más cuidadosa, más cautelosa. Debería haberme centrado más en mí que en Camden. Javier me había seguido hasta el complejo en Laughlin y después pensé que estaba siendo astuta al tomar un viejo personaje.
No fui lo suficientemente inteligente.
—Tenía a gente esperando en Las Vegas, ya sabes —dijo, y lo pude sentir examinándose las uñas—. No fue difícil averiguar cual sería tu próximo movimiento, ya que necesitabas seguir blanqueando el dinero. Fuiste lo suficientemente arrogante para permanecer en Strip. Uno de mis hombres vio tu coche —mi coche— conduciéndose. Te siguieron al hotel, donde sin mucho esfuerzo intentaste esconderlo.
Tragué saliva. El asco borraba el fracaso en este momento.
—Ahora me doy cuenta, Ángel, que no te conocía muy bien. No sé a quién conocía. Pero sé que no eres una idiota. Querías que te encontrara. Tal vez lo has estado pidiendo desde que te escapaste.
—¿A dónde vamos? —le dije, tratando de evitar el temblor en mi respiración.
Suspiró. —Te lo dije. Al pasado.
—Tengo muchos pasados. Escoge uno.
Se echó hacia atrás en su asiento, con las piernas extendidas, la punta de su rodilla tocando mi pierna por un breve segundo. Sólo un golpecito. Su manera de recordarme dónde estaba. Miré el paisaje rocoso mientras pasaba y me pregunté cuando llegué a ser tan imprudente como para querer saltar de un vehículo en marcha.
—El de niña que mantienes tan cerrado —susurró y deseé que saliera de mi cabeza—. Y nuestro pasado. ¿Lo recuerdas? 
—No. —Y no era una gran mentira. Había tenido tantos pasados, que era fácil enterrarlos a todos entre sí. Cuando dejé a Javier hace tantos años, sólo recordé el dolor que me trajo, la humillación y el engaño durante todo el tiempo que necesité. Durante el tiempo que necesité para convertirme en otra persona, para no cometer los mismos errores otra vez. Luego lo dejé ir.
—Ahora estás tratando de hacerme daño. —No podría haber sonado menos sincero.
Me aclaré la garganta. —Tengo sed. ¿Tienes agua?
—Más tarde. Primero tenemos algo que discutir.
Volví la cabeza y le lancé una mirada asesina. —No tenemos nada de que hablar.
La esquina de su amplia boca se torció en una sonrisa. Me pregunté cómo alguna vez encontré a este hombre encantador. Debo haber estado loca.
Mi teléfono sonó, sobresaltándome. Lo busqué en el bolsillo de mi jeans pero Javier fue más rápido. Sus dedos se cerraron alrededor de mi muñeca retorciéndola dolorosamente mientras hábilmente consiguió el teléfono con la otra mano. Sostuvo mis brazos hacia abajo, sujetándome contra mi puerta, y miró la pantalla. Sus ojos brillaron por un instante antes de que pulsara el botón para bajar la ventana y luego tiró mi celular.
En un segundo, la ventana estaba cerrada de vuelta y él se encontraba sentado en su asiento como si nunca se hubiera movido y mis muñecas quedaron doloridas en mi regazo. Se alisó el pelo detrás de las orejas y sonrió para sí mismo. —No te preocupes, te daremos un teléfono nuevo.
Miré a mi muñeca, las marcas rojas de sus dedos desaparecían rápidamente. Nunca había usado la fuerza en mí antes, al menos no de una manera que no fuera sexual, y para ser sincera, fue alarmante. Por primera vez desde que había entrado al coche, me sentía realmente asustada.
¿En qué me había metido?
—Entonces, háblame de ese Camden McQueen.
Mi corazón se sacudió en mi pecho. —Estoy segura de que sabes más de él que yo.
—Averigüé mucho, sí. Pero tú... parecías ser íntima.
El ácido quemó junto a sus palabras, filtrándose a través de su fachada calmada. Realmente no quería hablar de mi relación con Camden aunque a la vez tuviera ganas de hacerlo por despecho. Le molestaba, de alguna manera, después de todo este tiempo, que yo haya estado con otro hombre. Y supongo que en algún lugar, de alguna manera, todavía guardaba rencor.
—Lo follé, si eso es a lo que te refieres —le dije sin rodeos. También le dije a Camden que lo amaba, me dije a mí misma, jugando con la frase como una granada, pero decidí que era más seguro mantenerlo dentro.
Javier se tensó a mi lado por un instante. —Tan crudo.
—Sí, bueno —le dije—, eso es lo que es.
—¿Nada más?
Lo miré en contra de mi mejor juicio. —¿Qué es lo que quieres, Javier? Estoy segura de que no puede ser si me follé a Camden o no, ya tienes tu respuesta. 
—Quiero… —dijo lentamente, prolongándolo. Se lamió los labios—. Quiero que tú y yo trabajemos juntos.
Casi me reí. De hecho, un pequeño bufido escapó de mis labios.
Levantó una ceja perfecta e inclinó la cabeza hacia mí. —¿Te parece divertido?
Mis dedos se extendieron contra mi clavícula. —Me parece horrible.
—Eden —dijo, y luego cerró los ojos y sacudió la cabeza—. Ellie. No crees que estás aquí sólo por el hecho de estar aquí, ¿verdad?
—Tú dime. Secuestraste a una madre y su hijo con el fin de encontrarme. Pagaste no sé cuánto dinero. Ahora me tienes. Para lo que sea que quieras. ¿Y me estás diciendo, después de tantos años, que me encontraste porque quieres que trabajemos juntos?
Sus ojos estaban en mí, cada vez más dorados en la luz. Fijos. Sin parpadear. Desconcertantemente estaba muy segura de que esto era una prueba. El que primero mira hacia otro lado, pierde. Sin embargo yo no iba a perder, no cuando no sabía el premio.
Lo miré de vuelta. 
—Sí —dijo después de un par de latidos. Se lamió los labios de nuevo y me hizo darme cuenta de qué tan sedienta estaba—. Podría haberte encontrado hace mucho tiempo, si realmente quería. Te habría dejado ir. Con el coche, el dinero, la falta de respuestas…
—¿La falta de respuestas? —repetí.
—Simplemente te fuiste. Sin una nota, sin una llamada telefónica. Sin respuestas. —Lentamente esbozó una sonrisa y luego volvió su atención hacia la ventana, donde un camión pasaba a toda velocidad por la carretera, dejando suciedad a su paso—. Sabes que me encantan las respuestas, ángel. Me dejaste tan solo y abandonado como si fuera las sábanas de mi madre.
Mi boca se abrió, con la lengua buscando a tientas algo concreto. —¿De qué demonios estás hablando? ¿Te dejé solo y...?
Se encogió de hombros. —No importa, es el pasado.
Era el pasado. El pasado sobre el que estaba totalmente equivocado.
—¡Me engañaste! —escupí, inmediatamente avergonzada por toda la pasión que había en mi voz.
—Cierto —dijo. Levantó la mano en el aire como si quisiera hacerme callar—. Lo hice. A veces lo olvido, que lo que hice estuvo mal. Pero eso no es nada.
No era nada. Lo que hizo, encontrarlo en la cama con una zorra pelirroja, me convirtió en quien era. Arruinó mi corazón, mi capacidad de amar, de confiar, de... vivir. Me llenó de cicatrices, tanto como Travis lo hizo. No era nada. Tal vez, tal vez debería haber sido.
Tomé una respiración profunda, sabiendo que probablemente le encantaba el hecho de que me estaba sacando de quicio. —Bueno, entonces eso fue nada. Podrías haberme encontrado hace años, por lo que dices. ¿Por qué ahora? Estás solo, ¿es eso? ¿Tener tanto dinero no es suficiente para que tu polla se corra?
Sus ojos se entrecerraron. —No soy la persona que era hace seis años, querida. Y puedo ver que tú tampoco.
Él tenía razón en eso. Javier obviamente había cambiado para peor. ¿Y yo?
Pregunta estúpida.
—Puedo entender por qué crees que te he perseguido para, uh, motivos delicados —continuó—. Pero ese no es el caso. Los dos queremos lo mismo. Y por una vez, creo que tienes la ventaja para obtenerlo.
Mi frente se arrugó. —No me digas que necesitas lecciones para ser un estafador.
Vi la primera sonrisa genuina extenderse brevemente por su cara. —Eres mucho mejor en otras cosas, Ellie. Tienes algo que yo no tengo. Tienes acceso, contactos, y en algunos casos... encantos femeninos. Dios sabe cómo me enamoré de ellos una vez.
Sus ojos se deslizaron por mi cuerpo, desde mis piernas cubiertas por el jeans a mis brazos desnudos. Hasta donde el tatuaje, su tatuaje, envolvía mi bíceps como una anaconda, exprimiendo la vida fuera de mí.
—¿Y si no te ayudo? —le dije, frotando mi garganta reseca. Tenía sed, y cuanto más pensaba en lo que Javier podría hacer si me negaba, se me secaba aún más.
—No creo que te niegues —dijo con total confianza. Se inclinó hacia delante y golpeó el cristal tintado que separaba al conductor de nosotros—. Agua, dos —dijo, y el conductor calvo se agachó y sacó dos botellas de agua. Javier me dio una y la ventana volvió a subir.
Rápidamente desenrosqué la tapa y tomé un trago largo. Estaba fría y extrañamente dulce y tomó bastante saciar mi sed.
—¿Y si me niego? —repetí, limpiándome la boca.
Lentamente tomó un sorbo de agua, con los ojos en mí, demasiado íntimo, demasiado atento. —Tengo una manera de hacer que veas las cosas en perspectiva. Ahora, bebe.
Ante eso, inmediatamente alejé la botella de mis labios.
—Tan desconfiada, Ellie —canturreó. Sentí la botella deslizarse fuera de mis manos mientras trataba de sujetarla. Él me la arrancó y me apretó el hombro, para que permanezca en el asiento. Sus dedos eran más ásperos de lo que recordaba, pero calientes, como si estuvieran impulsados por un radiador. Todo empezaba a ponerse poco preciso y entumecido. El interior del coche giraba.
—Naturalmente —prosiguió, inclinándose hacia adelante y mirándome a los ojos—, tienes el derecho de ser así. Eden White era demasiado confiada.
Mi cabeza se cayó hacia atrás en el asiento. Pude ver puntas de rayos dorados y verdes encontrando sus pupilas, las pequeñas líneas que se formaron en la esquina de sus ojos, un mechón canoso que se atrevió a mostrarse en el cabello que caía por su frente. Javier había envejecido. No había nada más aterrador.
—Duerme bien, mi ángel. —Su voz me llegó en una onda de vibración. Había remolinos de luz y entonces todo se volvió negro.
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